Un problema de consumo no suele aparecer de un día para otro
Muchas veces comienza de una forma aparentemente normal.
Una sustancia que se utiliza ocasionalmente.
Una apuesta puntual.
Una conducta que produce placer, relajación o evasión.
Con el tiempo, en algunas personas, puede aumentar la frecuencia, aparecer una mayor necesidad de repetirla y resultar cada vez más difícil mantener los límites que antes parecían sencillos.
Por eso conocer cómo puede evolucionar un consumo problemático y cuáles son sus señales de alerta puede ayudar a detectarlo antes de que sus consecuencias sean mayores.
No todas las personas siguen exactamente el mismo recorrido ni existe una secuencia idéntica en todos los casos. Sin embargo, hay ciertos cambios que se observan con frecuencia y que permiten comprender cómo una conducta inicialmente ocasional puede ir ocupando cada vez más espacio.
En CICAMA Valencia podemos realizar una valoración médica individualizada cuando existe preocupación por un consumo o por determinados hábitos y trabajar factores relacionados como ansiedad, impulsividad, automatismos, regulación emocional y estilos de vida.
En este enfoque utilizamos el Método Acquistapace, una experiencia multisensorial y no farmacológica orientada especialmente a estos factores.
Primera consulta informativa gratuita
Teléfono: 628 15 24 90
www.cicama.es
CICAMA Valencia · Centro médico autorizado
El problema no siempre empieza cuando aparecen grandes consecuencias
Muchas veces empieza cuando resulta cada vez más difícil decidir cuándo parar.
Valoración médica · Método Acquistapace · Hábitos · Impulsividad · Regulación emocional
Primera fase: cuando la conducta todavía parece totalmente controlada
Al principio el consumo o la conducta suele estar asociado a situaciones concretas.
Una celebración.
Una salida con amigos.
Un fin de semana.
Un momento de aburrimiento.
Una situación de estrés.
O simplemente curiosidad.
En esta fase la persona suele sentir que existe un control completo:
“Lo hago porque quiero.”
“Podría dejarlo cuando quisiera.”
“Solo ocurre de vez en cuando.”
Y muchas veces es realmente así.
La mayoría de las personas que prueban una sustancia o realizan una determinada conducta no desarrollan necesariamente una adicción.
Lo importante es observar qué ocurre con el paso del tiempo.
Segunda fase: cuando empieza a repetirse más de lo previsto
Uno de los primeros cambios puede ser el aumento de la frecuencia.
Algo que antes ocurría ocasionalmente empieza a aparecer en más situaciones.
También pueden empezar a construirse asociaciones automáticas:
estrés → consumo
fin de semana → consumo
salir → consumo
aburrimiento → apostar
ansiedad → repetir la conducta
La persona todavía puede sentir que tiene el control, pero determinados contextos empiezan a activar la conducta casi de manera automática.
Aquí resulta especialmente interesante observar no solo cuánto, sino también para qué aparece.
Tercera fase: cuando mantener los límites empieza a costar
Una señal importante aparece cuando existe diferencia entre lo que la persona había decidido y lo que finalmente ocurre.
Por ejemplo:
“Solo iba a tomar una copa y terminé bebiendo mucho más.”
“Había decidido no consumir este fin de semana.”
“Iba a apostar únicamente una pequeña cantidad.”
“Dije que sería la última vez.”
Y, sin embargo, la conducta se repite.
No significa necesariamente que exista ya una dependencia establecida.
Pero sí puede indicar que la capacidad de decidir está empezando a verse condicionada por impulsos, hábitos o automatismos.
Ese cambio merece atención.
Cuarta fase: cuando empiezan a aparecer consecuencias
A medida que una conducta gana espacio pueden aparecer repercusiones que antes no existían.
Pueden afectar a la salud, al sueño, al estado de ánimo, a la economía, al trabajo, a los estudios o a las relaciones personales.
También pueden aparecer situaciones como:
ocultar la cantidad consumida, minimizar lo ocurrido, discutir con familiares, abandonar actividades, gastar más dinero del previsto o dedicar cada vez más tiempo a pensar en cuándo será la próxima ocasión.
En ocasiones la persona reconoce estas consecuencias y decide cambiar.
Pero descubre que hacerlo resulta más difícil de lo esperado.
Ese contraste entre querer modificar la conducta y repetirla puede ser una señal especialmente relevante.
Quinta fase: cuando la conducta empieza a organizar la vida
En situaciones más avanzadas, consumir o realizar determinada conducta puede empezar a ocupar un lugar central.
Las decisiones comienzan a organizarse alrededor de ella.
Puede dedicarse más tiempo a buscar, consumir o recuperarse de los efectos.
Pueden abandonarse otras actividades.
Y seguir adelante a pesar de consecuencias claras.
En algunos consumos también puede aparecer tolerancia —necesidad de cantidades mayores para conseguir efectos similares— o síntomas al reducir o interrumpir la sustancia.
En este punto es especialmente importante una valoración profesional adecuada.
No todas las personas llegan a la última fase
Este es uno de los mensajes más importantes.
No hace falta esperar a “tocar fondo”.
Detectar señales en fases anteriores puede permitir actuar mucho antes.
De hecho, una pregunta útil no es únicamente:
“¿Tengo una adicción?”
También puede ser:
“¿Estoy empezando a perder capacidad para decidir?”
O:
“¿Esta conducta está ocupando más espacio del que quiero?”
Estas preguntas permiten abandonar las etiquetas y centrarse en lo que realmente está ocurriendo.
Algunas señales que justifican revisar la situación
Puede ser buen momento para pedir una valoración cuando aparece una combinación de situaciones como estas:
– Aumento progresivo de la frecuencia o cantidad.
– Dificultad para mantener límites.
– Intentos repetidos de reducir sin conseguirlo.
– Necesidad de la conducta para relajarse, dormir o escapar de emociones.
– Pensar con frecuencia en consumir, jugar o repetir la conducta.
– Problemas familiares, laborales, económicos o de salud relacionados.
– Ocultación o minimización.
– Pérdida de interés por otras actividades.
– Continuar pese a conocer las consecuencias.
Una única señal no permite establecer por sí sola un diagnóstico.
Pero varias de ellas mantenidas en el tiempo sí justifican observar el patrón con mayor atención.
¿Qué papel tienen la ansiedad y las emociones?
En muchas personas la conducta problemática no aparece aislada.
Puede relacionarse con:
ansiedad, estrés, aburrimiento, soledad, tristeza, frustración o dificultad para regular determinadas emociones.
En esos casos puede formarse un círculo:
malestar → conducta → alivio momentáneo → consecuencias → nuevo malestar
Por eso trabajar únicamente sobre la prohibición puede resultar insuficiente para algunas personas.
También interesa comprender qué función está cumpliendo esa conducta.
Automatismos: cuando algo deja de ser una decisión consciente cada vez
Con la repetición, determinadas situaciones pueden quedar muy vinculadas a una respuesta.
Una persona ve un partido y piensa en apostar.
Sale con determinados amigos y piensa en consumir.
Llega a casa después de un día difícil y automáticamente piensa en beber.
No significa que haya desaparecido completamente la capacidad de decisión.
Significa que existe un automatismo aprendido que puede hacer más difícil cambiar el comportamiento.
Identificar estas asociaciones permite trabajar sobre ellas antes de que se consoliden todavía más.
El Método Acquistapace dentro del trabajo de CICAMA
En CICAMA Valencia trabajamos sobre algunos de esos factores utilizando el Método Acquistapace.
Se trata de una experiencia multisensorial y no farmacológica orientada especialmente al trabajo sobre:
ansiedad, impulsividad, automatismos, hábitos, regulación emocional y sensación de control.
El Método forma parte activa de nuestro enfoque y las sesiones se realizan de forma individualizada.
El objetivo no es reducir una situación compleja a:
“Tienes que tener más fuerza de voluntad.”
¿Qué podemos valorar en CICAMA?
Ante una preocupación relacionada con un consumo o una determinada conducta podemos realizar una valoración médica individualizada.
Esto permite revisar el patrón, su evolución, las posibles consecuencias para la salud y factores asociados como ansiedad, sueño, impulsividad, hábitos, estado emocional y estilo de vida.
En el caso del alcohol realizamos intervención sobre este hábito.
En tabaco podemos trabajar directamente dentro del proceso de deshabituación tabáquica.
Y ante otros consumos o conductas podemos valorar la situación, trabajar los factores generales de salud relacionados y orientar los siguientes pasos según las necesidades de cada persona.
Detectar antes permite decidir antes
Muchas personas buscan ayuda únicamente cuando las consecuencias ya son importantes.
Pero el cambio puede empezar mucho antes.
Cuando aparecen pensamientos como:
“Esto empieza a preocuparme.”
“Antes controlaba mejor.”
“Cada vez ocurre con más frecuencia.”
“Quiero cambiarlo antes de que vaya a más.”
ya existe una razón válida para revisar la situación.
No es necesario esperar a que una conducta haya deteriorado seriamente la salud, la economía o las relaciones.
El objetivo es recuperar capacidad de decisión
Comprender cómo puede evolucionar un consumo problemático no sirve para etiquetar a una persona.
Sirve para reconocer señales.
Para observar cambios.
Y para actuar antes.
En CICAMA Valencia ofrecemos atención médica individualizada para valorar y mejorar hábitos, consumo de alcohol, tabaco y otros factores relacionados con la salud y el bienestar emocional.
Trabajamos también ansiedad, impulsividad, automatismos y regulación emocional utilizando el Método Acquistapace como parte activa de nuestro enfoque.
CICAMA Valencia · Centro médico autorizado
Método Acquistapace
